‘¡Supe enseguida que esto era Dios!’

El encuentro de Sabiriin con Jesús.

El encuentro de Sabiriin con Jesús

Sabiriin se ilumina cuando cuenta su historia. Creció en una familia somalí, siguiendo las tradiciones de su fe. En Raalte vivían muchas familias somalíes y en el colegio se celebraba la Fiesta del Azúcar. Desde los siete años, Sabiriin aprendió a rezar y asistía a clases del Corán con otros niños somalíes. 

Sabiriin era devota, pero su fe no le aportaba paz. En casa solía haber distanciamiento; se sentía culpable y creía que merecía un castigo. Percibía a Alá como severo y enfadado. Rezar le resultaba confuso, porque no entendía lo que rezaba. 
‘Aún no había hecho nada’. Durante el instituto, Sabiriin se sentía como una extraña, ya que era la única musulmana de la clase. En aquella época, cada vez le hacían más preguntas sobre el islam. Su sensación de vacío fue creciendo y cayó en una depresión.  Buscó una salida en salir de fiesta y se sumergió en los horóscopos y la manifestación. En ese período oscuro, una amiga la llevó a Opwekking. Durante una canción en el campo, la invadió una profunda paz y una cálida presencia. Lo supo al instante: «Este es Dios revelándose a mí». Le sorprendió que este Dios, por quien aún no había hecho nada, le dejara tan claro que estaba ahí para ella. Al parecer, no hacía falta estar primero purificado para encontrarse con este Dios.
Jesús o tu familia. Sabiriin habla con cariño de su madre. Para ella fue un momento desgarrador cuando le contó que se había convertido al cristianismo. A menudo, cuando iba a una reunión cristiana, su madre le preguntaba: ‘¿Te decantas por tu familia o por Jesús?’. Sabiriin, con miedo y temblando, eligió a Jesús y, en ese momento, sintió una fuerza sobrenatural que le permitió mantenerse firme. Pensó que había perdido a su familia para siempre, pero Dios le devolvió la unidad de una forma que nunca hubiera podido imaginar.
Ahora, en casa, a sus veintidós años, Sabiriin experimenta una paz y una sanación que han cambiado toda su vida. Ha encontrado su lugar en la iglesia somalí y está muy contenta de que también haya renacido el vínculo con su madre. Su madre ha aceptado su decisión y ahora se refiere cariñosamente al marido de Sabiriin, Aron, como si fuera su propio hijo. Donde antes reinaban el miedo y la culpa, ahora hay paz; hay espacio para el perdón y un amor que ha derribado muros.